El peronismo de Jujuy atraviesa la crisis política y electoral más profunda de su historia reciente. A la pérdida de su banca en la Cámara de Diputados de la Nación se suma un retroceso territorial sin precedentes: el partido quedó sin representación en el Concejo Deliberante de San Salvador de Jujuy, perdió la mayor parte de las intendencias que gobernaba y hoy sostiene su representación legislativa con diputados que llegaron a sus bancas integrando listas de la Unión Cívica Radical.
En este contexto, los nombres de Eduardo Fellner y Rubén Rivarola —los últimos presidentes del Partido Justicialista provincial, durante cuyas conducciones nunca se habilitó una elección interna para definir autoridades o candidaturas— vuelven a aparecer con la intención de conducir nuevamente el partido. Sin embargo, entre la militancia comienza a imponerse una consigna que resume el clima interno: “Los que fueron no pueden volver a ser”.
No se trata únicamente de un eslogan. Es la expresión de un profundo desgaste político y de un diagnóstico compartido por amplios sectores del peronismo jujeño, que identifican en la conducción de los últimos años una de las principales causas del vaciamiento electoral y territorial del movimiento.
Una decadencia reflejada en los números
Los datos muestran con claridad la dimensión del retroceso.
En la capital provincial, donde el justicialismo llegó a conformar bloques de hasta doce concejales, hoy no conserva un solo representante en el Concejo Deliberante. La principal fuerza opositora de la provincia desapareció institucionalmente del principal distrito electoral de Jujuy.
La situación en la Legislatura provincial tampoco escapa a esa realidad. El PJ supo contar con una mayoría de 29 diputados provinciales. Actualmente ocupa una posición claramente minoritaria y, además, parte de su representación se sostiene con legisladores que originalmente fueron electos en listas de la UCR, una situación inédita para un partido que históricamente fue protagonista de la política jujeña.
El deterioro también alcanzó al interior de la provincia. De gobernar doce municipios, el peronismo pasó a conservar apenas tres intendencias, perdiendo presencia política en gran parte del territorio donde durante décadas construyó su fortaleza electoral.
El agotamiento de un modelo
La pérdida de la banca nacional, el resultado de las elecciones provinciales de mayo y la reducción de la representación legislativa constituyen mucho más que una derrota circunstancial. Son la consecuencia de un modelo de conducción que, según numerosos dirigentes y militantes, se alejó de los trabajadores, de las bases y de los principios históricos del justicialismo.
Durante años prevalecieron los acuerdos de cúpula, las negociaciones de ocasión y la preservación de intereses personales por encima de la construcción política y la representación de los sectores populares. Esa estrategia terminó debilitando al principal espacio opositor de Jujuy hasta convertirlo, para muchos de sus propios militantes, en un actor funcional al oficialismo provincial.
El desafío hacia 2027
Mientras La Libertad Avanza continúa creciendo electoralmente y el radicalismo enfrenta su propio desgaste tras más de una década de gobierno, el peronismo llega debilitado, fragmentado y sin una conducción capaz de ofrecer una alternativa competitiva.
Sin embargo, distintos referentes territoriales sostienen que aún existen posibilidades de reconstrucción en ciudades como Monterrico, San Pedro, El Carmen, Libertador General San Martín y Humahuaca. Para ello, consideran indispensable abrir un verdadero proceso de unidad, participación y renovación que permita recuperar la confianza de la militancia y de la sociedad.
El reclamo que hoy recorre las unidades básicas y los grupos de militantes es, antes que nada, un llamado a la supervivencia política. Si el peronismo jujeño pretende volver a ser una alternativa de poder, deberá asumir una autocrítica profunda y abrir paso a nuevos liderazgos con legitimidad electoral.
Porque, para una parte importante de la militancia, la conclusión parece definitiva: quienes condujeron al partido hasta su peor derrota difícilmente puedan encabezar el proceso de reconstrucción. El desafío hacia 2027 no pasa únicamente por volver a competir; pasa por recuperar la confianza de un electorado que hace tiempo dejó de sentirse representado.



